Valeria Rey: “El envejecimiento no es un fin ni un término, sino una nueva etapa para proyectarse nuevamente”

La académica de la Escuela de Terapia Ocupacional reflexiona sobre la realidad de las personas mayores en nuestro país y el trabajo que debe hacer la sociedad para comprender los desafíos actuales de la vejez.

En Chile, octubre es el Mes de las Personas Mayores, una conmemoración impulsada por el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) que busca promover el envejecimiento activo, positivo y saludable, el respeto intergeneracional y los derechos de las personas mayores.

Esta conmemoración adquiere cada vez mayor relevancia en el país, considerando el progresivo envejecimiento de la población. De acuerdo con los datos del último Censo y las cifras de SENAMA, Chile cuenta con cerca de 3.665.028 personas de 60 años o más, lo que equivale al 19,8 % de la población residente.

En este contexto, Valeria Rey, académica de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago de Chile (USACH) y experta en personas adultas y vejeces, reflexiona sobre la importancia de reconocer los derechos de las personas mayores, especialmente en relación con el trato, los cuidados y las oportunidades de participación que les ofrece la sociedad.

Para comprender los desafíos actuales, la académica plantea la necesidad de revisar la manera en que entendemos el envejecimiento y la vejez. Al respecto, señala que “hoy en día, el envejecimiento se caracteriza por una mayor longevidad y esperanza de vida. Ya no podemos entender la vejez como un pequeño tránsito entre la vida y la muerte, sino como un tercio de la vida en el que las personas pueden reestructurar sus proyectos, establecer nuevos desafíos y proyectarse nuevamente”.

Esta transformación, agrega, también plantea desafíos para las políticas públicas y para la forma en que la sociedad comprende esta etapa de la vida, especialmente en un contexto que otorga un valor excesivo a la juventud y a determinados estereotipos corporales.

En esa misma línea, la terapeuta ocupacional explica por qué es importante hablar de vejeces en plural al referirse a las experiencias de las personas mayores. “Hablar de vejeces nos permite reconocer que las personas tienen distintas experiencias de envejecimiento, determinadas por sus trayectorias y condiciones de vida. Desde la interseccionalidad podemos comprender cómo factores como el género y la situación socioeconómica generan relaciones de poder que condicionan la vida y la participación de las personas. Por eso, no existe una sola forma de envejecer, sino una multiplicidad de vejeces”, sostiene.

Autonomía e independencia en la vejez

Uno de los aspectos fundamentales para comprender las necesidades de las personas mayores sin limitar su capacidad de decisión es distinguir entre autonomía e independencia. Aunque ambos conceptos suelen utilizarse indistintamente, se refieren a dimensiones diferentes de la vida cotidiana.

“Para nosotros autonomía e independencia son conceptos distintos. La autonomía es un derecho que se relaciona con la autodeterminación y con la posibilidad de tomar decisiones sobre el propio cuerpo, la vida y la participación en las distintas actividades. La independencia, en cambio, tiene que ver con el desempeño de esas actividades. Es importante comprender esta diferencia para no restringir las decisiones de las personas mayores bajo la idea de que estamos cuidándolas, invisibilizando su voluntad y su derecho a decidir”, explica Valeria Rey.

Desde la Terapia Ocupacional, promover la autonomía también implica reconocer las experiencias y necesidades de las personas mayores, así como generar condiciones que les permitan desarrollar actividades significativas y continuar proyectando sus vidas.

En este sentido, la académica enfatiza la importancia de cuestionar los prejuicios asociados al envejecimiento y fortalecer el trabajo conjunto con las comunidades. “Tenemos que hacernos conscientes de cómo estamos reproduciendo estereotipos y prejuicios sobre el envejecimiento y las vejeces. También es fundamental trabajar con los territorios y las organizaciones de personas mayores, generando instancias de intercambio de saberes que nos permitan comprender sus experiencias. Muchas veces, en sus procesos cotidianos, estas personas enfrentan situaciones de violencia y restricciones que limitan sus proyectos de vida, por lo que debemos promover espacios que reconozcan sus necesidades, decisiones y derechos”, señala.

Espacios de participación para las personas mayores

La participación en la vida cotidiana también está condicionada por las características de los espacios que habitan las personas mayores y por las barreras sociales que enfrentan. Desde esta perspectiva, Valeria Rey advierte que: “hoy existen barreras de distintas dimensiones, tanto sociales como físicas. Los espacios no siempre están diseñados para favorecer la participación de todas las personas, especialmente de aquellas que pueden presentar alguna condición de dependencia. A esto se suman las barreras sociales, que afectan significativamente el derecho a participar, porque muchas veces se asigna a las personas mayores un rol inferior dentro de la sociedad”, explica la académica.

Estas limitaciones no solo dificultan el acceso a distintos espacios y actividades, sino que también pueden repercutir en la valoración que las personas mayores tienen de sí mismas. Al respecto, la especialista advierte que la exclusión y los prejuicios pueden transmitirles la idea de que ocupan un lugar de menor valor dentro de la sociedad.

Frente a este escenario, destaca la necesidad de desarrollar un trabajo colaborativo que involucre a las comunidades y sus territorios. “Desde la terapia ocupacional debemos trabajar con los entornos, acudir a los territorios y reconocer las necesidades de las personas mayores. Es fundamental desarrollar un trabajo colaborativo que permita cuestionar los estereotipos y prejuicios que generan discriminación y restringen sus proyectos de vida”, plantea.

Finalmente, la académica invita a comprender el envejecimiento como un proceso natural que forma parte de la vida y no exclusivamente como un problema de salud. En esa línea, subraya la responsabilidad de los equipos sanitarios en la entrega de una atención respetuosa, que considere las particularidades y experiencias de cada persona.

“Es importante reconocer que el envejecimiento es un proceso natural que vivimos desde que nacemos y no entenderlo únicamente como un problema de salud. Desde los equipos sanitarios, debemos evitar reproducir estereotipos y prejuicios que invisibilizan los malestares de las personas mayores. Por ejemplo, no podemos atribuir una dificultad de salud simplemente a la edad o al hecho de estar envejeciendo, porque las condiciones y trayectorias de cada persona son diversas”, concluye Valeria Rey.

 
Jueves, Octubre 15, 2026